Era el segundo de los seis hijos de los docentes Hugo de los Reyes Chávez y Elena Frías y nació bajo el signo de Leo. Su ascendente no se sabe con certeza, porque se dice que vino al mundo entre las 3:00 a.m. y las 5:00 a.m. Aquí aparece junto con su hermano, Adán Chávez.


Creció en su natal Sabaneta de Barinas, criado por su abuela Rosa Inés Chávez. Estudió en el Grupo Escolar Julián Pino y en el Liceo Daniel Florentino O'Leary de Barinas.


Fue un aficionado al béisbol desde sus años mozos. Se confesaba del equipo Navegantes del Magallanes. También aseveró jugar dominó y bolas criollas.


A los 17 años ingresó a la Academia Militar del Ejército Nacional de Venezuela, donde se graduó con el grado de subteniente y recibió el título de licenciado en Ciencias y Artes Militares, en la especialidad de Ingeniería, mención terrestre. Fue ascendiendo hasta que, en 1990, se convirtió en Teniente Coronel.


En 1982 fundó el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR200). Una década más tarde, el 4 de febrero, comandó un fallido golpe de Estado que lo condujo a pasar dos años en la cárcel San Francisco de Yare.


Desde finales de 1994 empezó a recorrer el país y sus medios de comunicación para dar a conocer su proyecto. Tres años después, triunfó en las Presidenciales con 56,5% de los votos. En la gráfica aparece con su esposa de aquel entonces, la segunda, y madre de su última hija, Marisabel Rodríguez


Una vez electo presidente, no se limitó sólo a gobernar, también dio a conocer y practicó sus gustos y aficiones
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En sus extendidas alocuciones, durante el programa Aló Presidente, solía abordar temas tan diversos como la religión (decía que Cristo era socialista), su vida en familia, sus intimidades, cuentos de camino, y, por supuesto, la política, con teorías de conspiración magnicidas y duras críticas a quienes se le oponían, incluidas.
Sentado hasta por siete horas, a sol o a sombra, solía tomar café y, quienes en algún momento acudieron a verlo, fumarse unos cigarrillos cuando las cámaras no lo veían. Más de uno se preguntaba cómo aguantaba tanto tiempo sin levantarse ni para ir al baño.

Cuando estaba rodeado de gente, sacaba lo más dicharachero y espontáneo de su personalidad.

Solía tener un as bajo la manga, ante las burlas que podían surgir en su contra. No solía ignorar ninguna de las que se le hacían en vivo, por los medios de comunicación tradicionales y/o por las redes sociales.

Cuando se anunció su enfermedad, sus seguidores (de diversos cultos) instalaron altares para orar por su salud y lo convirtieron a él mismo en religión.

Hasta el último momento de su enfermedad, cualquier noticia en relación a su estado se convertía en algo para resguardar.

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